El pez grande se come al chico. El refranero y la geopolítica a menudo se llevan mejor de lo que sería deseable. Bután, vimos ayer, es un pequeño reino de cuarenta mil kilómetros cuadrados, el tamaño de Holanda o Extremadura. Sus ochocientos mil habitantes están encajonados entre las dos potencias poblacionales más grandes del mundo, la India y China, pero su problema no es demográfico, es diplomático. China se está quedando con trozos de Bután porque quiere un pedazo muy concreto, pero Bután no puede dárselo porque la India se lo prohíbe. Así que la pequeña monarquía tibetana se las ve y se las desea para hacer equilibrios entre la espada y la pared.









